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Espléndida mansión que conjuga armoniosamente la belleza y la poesía de dos arquitecturas, la austriaca y la mozárabe, que nos transporta a los inicios del siglo XX; diseñado y construido por el arquitecto y marmolista Don Isaac l. Cevallos.
El fastuoso mármol de suaves matices y figuras, bruñido magistralmente, asombra por su concordancia en la perfecta combinación con la suave y noble cantera, artísticamente esculpida y dispuesta en contrastantes tonos; sus balaustradas de delicada filigrana, sus arabescas columnatas, sus multicolores vitrales emplomados, con figuras de nostálgica evocación y caleidoscópicos trazos, sus bellísimos y nostálgicos balcones y su primorosa miranda principesca que se destaca airosamente en el soberbio frontispicio, rematado en la mirífica cumbre por heráldico blasón austriaco, jaquelado con penachos; su propietario fue Don José Griensen Zambrano, Gerente General de las minas de su cuñado Don Pedro Alvarado; este palacio fue inaugurado en 1905 y en él residían, su bella esposa Doña Rebeca Alberdi Reyna y sus hijos, sus hermanos menores de quienes, tras la muerte de Don Juan Alberto Griensen y Doña Lucía Zambrano, sus padres, se hizo cargo de ellos, por ello vivió ahí la heroína Elisa Griensen Zambrano, quien el 12 de Abril de 1916 acaudilló a 24 niños del 5º. Grado de la escuela 99, logrando desalojar de la ciudad a los 2,000 soldados norteamericanos de la expedición punitiva que nos habían invadido; épica proeza por la que en Octubre de 1925 la H. Córdoba, Veracruz, en Ceremonia Oficial en el Teatro Hidalgo, le otorgó el título de heroica a nuestra ciudad. Si el exterior del palacio impresiona, su interior, desde el dintel maravilla, en el vitral emplomado de la entrada, se encuentran plasmados, Don Pedro Alvarado y el menor de sus cuñados Juan Alberto, sosteniendo en sus manos las lámparas mineras de aquellos lejanos tiempos, contemplando el yacimiento de “La Palmilla”; el arte escultórico de la cantera bicolora en el pasillo de la entrada, es un verdadero derroche del expresivo arte morisco y conforme se adentra, conduce y ubica en las fantásticas narraciones de sherezada, en el patio central había una fuente de agua cantarina, circundada por altas y esbeltas columnas férreas, semejando la alhambra, entre éstas y la fuente se encontraba un edénico jardín pletórico de exóticas y aromáticas plantas orientales, la arabesca escalinata del fondo que a la mitad se bifurca, conduce a un segundo piso que, al igual que el primero, alrededor de los amplios pasillos se encuentran las habitaciones, elegancia y distinción acorde a tan ensoñante época.
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